
El año pasado emprendí una de las tareas más arduas pero gratificantes a la vez, organizar mi matrimonio. El primer paso luego de tener la fecha y presupuesto listos, es escoger el lugar del foforro. Mi cuasi-esposa: muy preparada con 7 revistas de novias en la mano, y yo: muy moderno, comencé mi búsqueda en Internet. No pasó mucho tiempo antes de que ella se burlara de mí por que empecé a emitir sonidos de pequinés mordiendo bota de pantalón… Grrrrrrr! al abrir cada una de estas folclóricas páginas con musiquita de consultorio; y es que las páginas de haciendas y sitios para ágapes nupciales y demás eventos sociales en Colombia son simplemente una tortura. Por este motivo decidí partir el tema en varias entregas.
